martes, 18 de noviembre de 2014

El Gran Maestro Provincial de Madrid, nos explica el significado de los símbolos masónicos.

La organización basa su método de aprendizaje en la interpretación de símbolos ya existentes que emplean para transmitir valores morales
 

Una de las salas
 
El edificio de la Gran Logia de Madrid impone aún sin dar un solo paso al interior. La gran puerta plateada que no permite ver ni un resquicio del mundo masónico que se abre en la céntrica calle Juan Ramón Jiménez, consigue diferenciarse y llamar la atención pese a estar rodeada de hermosas y soberbias fachadas.
 
Solo con esperar unos minutos, recorrer la entrada con la mirada y comprobar cómo la pequeña cámara junto al timbre reconoce al visitante, es difícil no hacerse a la idea de que detrás de esas enormes puertas hay algo más que una simple vivienda.
 
Como si de una metáfora se tratara, el halo de misterio y grandeza que desprende la entrada se difumina al entrar al enorme recinto y se diluye la idea que se tiene de esta famosa y controvertida organización. Y es que la casa de los masones de Madrid es simple, al igual que sus objetivos, pese a que la historia se haya empeñado en creer lo contrario.
 
Al entrar, no hay masones con túnicas balbuceando algún conjuro, ni ningún espacio especialmente extraño. Y es que la masonería «no enseña a levitar», broma Javier Escalada, Gran Maestro Provincial de Madrid. Incluso, para dar alguna explicación referente a la organización usa el símil de «club de fútbol».
 

«Mejorar a las personas moralmente»

 
La masonería tiene un objetivo muy claro: «mejorar a las personas moralmente», señala el Gran Maestro. «Quien quiera buscar a Dios, tiene una iglesia católica, evangelista...quien quiera hacer caridad puede ir a Cáritas (aunque colaboramos con ellos) o a Cruz Roja...nosotros enseñamos un método para que las personas mejoren a través de la reflexión».
 
Los valores que defienden se plasman en diferentes símbolos. De hecho, el «método masónico» y lo que justifica que una persona decida formar parte de esta organización, consiste en un aprendizaje a través de «signos y no palabras, porque estas limitan».
 
La interpretación de símbolos ya existentes se utilizan para que cada masón haga una reflexión sobre los actos de su vida. Posiblemente, el más genérico es el de la escuadra y el compás invertido y la letra «G» en el medio. «Un escuadra es un ángulo recto, es rectitud, que nos lleva a preguntarnos si estamos siguiendo un camino recto o si habría que hacerlo de otra manera. También alude a marcar límites, como los marca el compás. Y la letra G alude al Gran Arquitecto del Universo». El Gran Arquitecto es el «Dios» de los masones. No se lo identifica con nadie, de hecho, «cada uno puede ponerle turbante, barba o lo que considere, para la logia es simplemente el arquitecto del universo», explica Escalada.
 
Sobre el símbolo se contruyen todas las logias. «Usamos signos basados en los constructores de catedrales». Cada logia tiene un nombre determinado, generalmente asociada a un valor (Fénix, Fraternidad Universal, Hermes, Luz Fraterna, Fénix, La Matritense, La Tolerancia...) y un «logo», es decir, un escudo con un símbolo, que es una alegoría.
 

Iniciarse en la masonería

 
¿Cómo se inicia una persona en la masonería?. El primer requisito es ser mayor de edad pero además, hay «requisitos de coletilla, es decir, ser una persona de buenas costumbres». Para saberlo, se hace una entrevista, «como si fuera de trabajo» , y se le pregunta al iniciado qué hace, de qué trabaja, incluso cómo se lleva con su mujer o si ha tenido problemas con la justicia.
 
En el rito de iniciación la persona que quiere ser masón llega con los ojos vendados y hace un juramento para guardar secreto y se le invita a usar determinados valores.
 
Además, debe quitarse lo metales profanos (anillos, collares, etc). Esto tiene una explicación: «Todo lo que soy lo dejo atrás, dejo afuera mis prejuicios, todo fuera del templo», explica Escalada.
 

Cámara de la reflexión

 
Por otro lado, también hay una habitación de la reflexión, que forma parte de rito de algunas logias (siete en total), en las que el iniciado se encierra en una sala muy pequeña, casi a oscuras. «Es una especie de cueva, gruta o lugar oscuro que representa el vientre de la madre en la oscuridad para volver a salir, porque la iniciación supone morir como profano para nacer como masón», explica el Gran Maestro.
 
Además, en el suelo hay arena para simbolizar la gruta, un esqueleto de plástico, una mesa pequeña con velas, azufre, sal, agua... elementos alquímicos para que los iniciados escriban qué significan. Se hace un testamento masónico en el que se pregunta qué le debe a Dios, a la sociedad y a uno mismo.
 


Cámara de la reflexión
 
El día a día de un masón es igual al de cualquier persona. «Se hacen tenidas (reuniones) dos veces al mes con todos los miembros de la logia con un ritual (mandiles, etc) y además, hay un taller de formación, un día adicional al mes para hacer una reflexión escrita sobre por ejemplo, la rectitud, siempre en un contexto de moral o de actitud frente a la vida». Eso sí, está «prohibido hablar de religión o política, sobre todo para evitar discusiones».
 

Las «tenidas»

 
En las tenidas o reuniones se reúne la logia y los miembros ocupan un sitio en función de su jerarquía: los aprendices se sientan a la izquierda, los compañeros a la derecha y el Maestro en el centro.
 
Todos deben ir vestidos con traje oscuro, camisa blanca y corbata negra. Las salas están cargadas de simbología: escudos de otras logias, en el suelo un damero en blanco y negro, que alude a la dualidad de mujer-hombre, malo-bueno o equilibrio entre colores, o una espada para los actos de Gran Logia. «Uno de los oficios es el guardatemplo: Cuando se realiza la tenida hay un hermano con una espada que simboliza que nos protege del mundo exterior».
 
También existen signos y palabras que identifican a un masón de un profano y que se usan en las reuniones. Algunos son específicos para cada uno de los tres grados de masonería: Aprendiz, Compañero y Maestro.
 
Después de las tenidas hay un brindis (ágape) y se brinda primero por El Rey, segundo por todos los jefes que protegen la masonería y tercero, por el Gran Maestro.

Los «toques»

 
Los «toques» son señales de reconocimiento sobre todo en el exterior que se hacen habitualmente al darse las manos, y que permiten reconocerse entre masones. Como ellos dicen: «nos permiten reconocernos de día y de noche, sin necesidad de intercambiar palabra alguna».
 

«Decir que eres masón es un problema»

 
La masonería como se la conoce actualmente, la especulativa, nace en 1717, y se caracteriza por la reflexión sobre la acción. Surgió después de la operativa, que «eran los que picaban la piedra, los constructores». Así, fueron surgiendo tendencias y la masonería cumple una función diferente en cada país. Pero en el caso de España un capítulo ha impedido que la organización sea vista con la normalidad de otros países como Estados Unidos, Chile o Argentina. «El problema que hemos tenido aquí ha sido la dictadura. En la puerta tenemos una pintada que dice: "masones rojos y Viva Franco"», lamenta Escalada. «Decir que eres masón es un problema en algunos ámbitos».
 
Aunque en España el número se mantiene estable: hay 4.000 masones en nuestro país, de los que 2.700 pertenecen a la Gran Logia de España (hay que tener en cuenta que hay otras logias, incluso, las que solo agrupan a mujeres).
 

Secretismo

 
Otra cuestión es el secretismo del que se les acusa. «A mí me encantaría ver la reunión de la junta directiva del Santander o un Consejor de Ministros. Aquí hay reuniones que no son abiertas porque si se hace una reflexión sobre un sentimiento íntimo le tengo que proteger», justifica Escalada.
 
En cuanto a los miembros, siempre ha habido mitos sobre políticos que podían serlo. «Desde luego, ningún expresidente de España de la democracia es masón. No hay tampoco ningún diputado y senador actualmente. En este país no es habitual», asegura el Gran Maestro. «Lo que sí hay es dentistas, médicos, pequeños empresarios, informáticos, había un albañil hasta hace cuatro meses, policías, militares y sí, políticos pero a nivel minicipal y regional».
 

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